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  • Yuan 2009 (11/04/2009)

 

El Periodo de Crisis 4+1 o Periodo de Crisis FECEP

Crisis Financiera Económica Climática Energética Política

 Este periodo de crisis llamado FECEP o 4+1, es la conjugación de lo que sucede en cada una de las naciones del mundo, sin distinción alguna.

FINANCIERA

Desde Julio de 2007, los problemas financieros surgidos en Estados Unidos marcaron los pasos, de la oficializada Crisis Financiera de EE. UU, la cual debido a la globalización, se extendió a todos los mercados internacionales.

La mayoría de los estudios sobre la Globalización (como fenómeno arduamente estudiado) comparten su origen principalmente financiero, para luego ser económico y social.

 ECONOMICA

La crisis financiera se tradujo en crisis económica aun en las naciones sin acceso al crédito internacional (como la Republica Argentina).

 CLIMATICA

 La mayor actividad industrial, de transporte etc, trajo consigo (principalmente luego de 1940) la mayor presencia de dióxido de carbono en la atmosfera, la cual pasado el tiempo, redundó en la actual medición de 380 partes por millón.

Este gas es uno de los principales agentes del efecto invernadero (calentamiento global),  que afecta la composición de los mares y por ende las alteraciones del clima en el planeta y por ende AGUA AIRE SUELO (ALIMENTOS Y AGUA).

 ENERGETICA

Es de dominio público que los combustibles fósiles (carbón-gas-petróleo) son finitos y el final de su disponibilidad se encuentra relativamente cerca, desde un punto de vista estratégico para cualquier nación. Por otro lado su uso intensivo en la actualidad, alimenta el ciclo del calentamiento global.

 POLITICA

El quinto elemento de esta conjugación, es representado por la probabilidad de existencia de Crisis Sociales y por ende Crisis Políticas en la mayoría de las naciones, producto de varios factores:

 ·        Imposibilidad de Acuerdos para crear una Nuevo Orden Financiero.

·        Imposibilidad para evitar la nacionalización (también llamada desglobalizacion) de las economías, y por ende reducir el intercambio mundial de bienes reduciendo así las economías reales de muchas naciones.

·        Imposibilidad de adaptar practicas profesionales (industriales, agrícolas, ganaderas) tendientes gestionar mediante información de inteligencia medio ambiental.

·        Imposibilidad de encontrar alternativas viables para descarbonizar la economía.

·        Imposibilidad de evitar las alzas en los precios de los alimentos.

Mientras no se ataquen las soluciones de este periodo de crisis FECE (o Cuádruple Crisis) a través de un orden esquemático: 1ero Energía - 2do Clima/Alimentos – 3 Economía – 4 Finanzas) se estará muy lejos de evitar el ingreso del quinto elemento: La crisis FACEP o la crisis 4+1

 

Conceptos vertidos en la Editorial  del sábado 21 de Febrero de 2009 CLASE EJECUTIVA RADIO – Radio Uno – FM 103.1  LA ESPIRAL  ©

 El 14 de septiembre de 2008 quizás sea recordado, por algún tiempo, como el punto final de la estabilidad de una época.  En efecto, al día siguiente, el mundo  –que venía ya haciendo ruidos raros por aquí y por allá–  comenzó a crujir sin disimulo.

 Miremos un poco lo que está sucediendo en el globo, ya que el escenario probablemente sea más espinoso de lo que imaginamos: la otrora lucha de las naciones por el desarrollo y el liderazgo, puede dar lugar, sencillamente, a una suerte de lucha por la supervivencia. 

 Que el PBI de Japón haya caído dramáticamente en el último trimestre del 2008, que sus legendarias exportaciones de automóviles y componentes electrónicos hayan disminuído de un tercio y que dicho país  –ícono del comercio hacia el mundo–  muestre un déficit comercial ya de dos meses consecutivos, son síntomas de que algo muy serio está ocurriendo.

 Que en EE.UU. se haya estrellado el sistema financiero, que se haya derrumbado la demanda de acero, que el llamado “desempleo parcial” tal vez ya se ubique en alrededor del 15%, que el premio nobel de economía Paul Krugman  –simpatizante del partido del Presidente Barack Obama–  esté llamando a una rápida acción y corrección de rumbo, so pena de sufrir una suerte de terrible tsunami económico, son indicadores de que la situación es realmente muy grave y que el camino por recorrer es sumamente delicado.

 Que Europa esté prácticamente toda en recesión, con cada vez más nuevos pobres y brotada de xenofobia, eso es un combo  por demás inquietante.

 Que los Bancos Centrales de numerosos países hayan planeado vender  –o inclusive hayan comenzado a hacerlo–  porciones significativas de sus reservas en dólares para frenar la declinación de sus monedas, no es un dato menor.

 Que la caída del precio del barril lleve a las naciones productoras de petróleo  –desde Arabia Saudita hasta Rusia–  a financiar sus gastos, en cierta medida, vendiendo sus activos acumulados en dólares, es un acontecimiento que merece atención.

 En las antípodas, China vive la presión alcista sobre su moneda subvaluada y para mantener la actual paridad con el dólar tendría que financiar no sólo gran parte de los enormes déficits comerciales de Estados Unidos, sino también los déficits comerciales de las naciones del mundo que están vendiendo sus reservas en dólares.  La encrucijada china no es fácil de resolver: por un lado, es poseedor masivo de bonos del tesoro estadounidense y sus reservas son mayormente dólares americanos; por el otro, intentar sostener al dólar acabaría por destruir su propia moneda.  Ya sea intencional o no, al permitir que los exportadores chinos pacten sus acuerdos en yuanes, China está dando un paso importante hacia la suplantación del dólar con el yuan como moneda de reserva mundial.

 Además, la creciente demanda de oro físico es un hecho que señala la pérdida de confianza en el papel moneda; en efecto, la suba del precio del oro también puede ser leída como la caída del valor del papel moneda.  Muchos dicen que el hito de los USD 1.000 por onza es como cruzar la barrera del sonido; recordemos que la cotización internacional está rozando los USD 993 por onza troy.

 Y así podríamos seguir enumerando muchos interrogantes, que se reproducen a la velocidad de las pulgas.

 Oiga, no se ponga así…, tampoco es para tanto; al fin y al cabo, siempre que llovió, paró.

 Ya Enrique Santos Discépolo lo describió magistralmente en 1935, a través de Cambalache; lástima que en el XXI ya no quede ni biblia, ni calefón.

 

Conceptos vertidos en la Editorial del sábado 24 de Enero de 2009 CLASE EJECUTIVA RADIO – Radio Uno – FM 103.1  INTENTARLO VALE LA PENA  ©

 Esta semana todos hemos tenido contacto, a través de los medios, con la asunción del nuevo Presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama.  No hace falta ser un entendido en geoestrategia para darse cuenta del alto nivel de esperanza que prácticamente toda la humanidad tiene puesta en esta nueva gestión. 

 Habiendo recorrido ya la mayor parte del primer decenio del siglo XXI, la humanidad se encuentra como desorientada, en una suerte de ansiosa antesala, en espera más o menos esperanzada de una reconfiguración general, que permita ver la luz al final del túnel.  Es una expectativa que, en mayor o menor medida, tenemos todos, de que algo suceda en pos de una mejoría general.  La pregunta clave es, entonces, ¿por dónde pasa esa suerte de renacimiento mundial?

 El quiebre que se ha producido en el planeta Tierra  -en donde nadie tiene aspecto de creer en nada, en donde las principales instituciones se ven debilitadas en su legitimidad ante los ojos de los ciudadanos-  tal vez se deba en gran medida a la nociva carencia de tres elementos esenciales en la conducción: un piso mínimo de ética, la responsabilidad social y la visión estratégica.

 Es sabido que los períodos de crisis suelen poner a hombres y mujeres de frente a la verdad, significando una oportunidad de cambio, una puerta a la reconfiguración de los sistemas, que pueden finalmente hallar en ellos mismos las respuestas que tal vez antes no pudieron encontrar.

 Acaso sea ésa la señal que estamos recibiendo: se está necesitando nueva capacidad gerencial, conciente de las consecuencias que su accionar tendrá sobre las futuras generaciones, capaz de frenar la acelerada entropía que se está verificando en casi todos los ámbitos, con una visión geopolítica internacional más contemplativa, más integrada, y en grado de diseñar e implementar un plan estratégico global.

 Existen muchos hombres y mujeres en el mundo en condiciones de aportar al desarrollo de la humanidad, gentes de todas las latitudes que no le temen ni al esfuerzo ni al sacrificio, siempre y cuando éstos no sean arrojados por la borda del crucero de la incapacidad o el pillaje.  Si bien nadie pretende que los seres humanos se laven todos los días en agua bendita, la actualidad está requiriendo un promedio mayor de prolijidad y prudencia para revertir este complejo momento en el que se ve envuelto nuestro planeta.

 

Estimados lectores , presten atención: se trata de una cuádruple crisis global  -financiera, económica, energética y ecológica-  que si no es manejada con especial visión estratégica que contemple de manera coherente todos y cada uno de los elementos que componen el sistema de la humanidad, puede atraer como un fuerte imán a un delicadísimo quinto elemento: la crisis política internacional.

 Habrá que ver, entonces, si el mensaje que nos envía la realidad ha sido correctamente interpretado por todo el mundo: la Historia está llamando a la puerta de ilustres sordos y distraídos, no para quimeras ni simulaciones, sino para genuinas evoluciones.

 Con osadía y espíritu de grandeza la dirigencia habrá de renovarse, sosegando algunas actitudes inmoderadas, so pena de profundizar la complejidad de la situación.  Habrá de encender la llave de la lucidez y de la creatividad, para orientarse de lleno a la reconfiguración esperada por una humanidad que en estos tiempos parece mantenerse en apnea.

 Por orgullo o por vergüenza, por propia iniciativa o por contagio, tal vez otros también intenten andar por ese mismo camino de innovación y renovación.  A ello sería plausible que nuestros dirigentes se abocaran de inmediato, tomando las decisiones adecuadas antes de que anochezca, pues, como sentenciaba San Pablo, “el tiempo se ha hecho breve”.

 

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