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El Periodo de Crisis
4+1 o Periodo de Crisis FECEP
Crisis
Financiera Económica
Climática Energética
Política
Este periodo de crisis llamado FECEP o 4+1, es la conjugación de lo
que sucede en cada una de las naciones del mundo, sin distinción
alguna.
FINANCIERA
Desde Julio de 2007,
los problemas financieros surgidos en Estados Unidos marcaron los
pasos, de la oficializada Crisis Financiera de EE. UU, la cual
debido a la globalización, se extendió a todos los mercados
internacionales.
La mayoría de los
estudios sobre la Globalización (como fenómeno arduamente estudiado)
comparten su origen principalmente financiero, para luego ser
económico y social.
ECONOMICA
La crisis financiera
se tradujo en crisis económica aun en las naciones sin acceso al
crédito internacional (como la Republica Argentina).
CLIMATICA
La mayor actividad
industrial, de transporte etc, trajo consigo (principalmente luego
de 1940) la mayor presencia de dióxido de carbono en la atmosfera,
la cual pasado el tiempo, redundó en la actual medición de 380
partes por millón.
Este gas es uno de los
principales agentes del efecto invernadero (calentamiento global),
que afecta la composición de los mares y por ende las alteraciones
del clima en el planeta y por ende AGUA AIRE SUELO (ALIMENTOS Y
AGUA).
ENERGETICA
Es de dominio público
que los combustibles fósiles (carbón-gas-petróleo) son finitos y el
final de su disponibilidad se encuentra relativamente cerca, desde
un punto de vista estratégico para cualquier nación. Por otro lado
su uso intensivo en la actualidad, alimenta el ciclo del
calentamiento global.
POLITICA
El quinto elemento de
esta conjugación, es representado por la probabilidad de existencia
de Crisis Sociales y por ende Crisis Políticas en la mayoría de las
naciones, producto de varios factores:
·
Imposibilidad de Acuerdos para crear una Nuevo Orden Financiero.
·
Imposibilidad para evitar la nacionalización (también llamada
desglobalizacion) de las economías, y por ende reducir el
intercambio mundial de bienes reduciendo así las economías reales de
muchas naciones.
·
Imposibilidad de adaptar practicas profesionales (industriales,
agrícolas, ganaderas) tendientes gestionar mediante información de
inteligencia medio ambiental.
·
Imposibilidad de encontrar alternativas viables para descarbonizar
la economía.
·
Imposibilidad de evitar las alzas en los precios de los alimentos.
Mientras no se ataquen
las soluciones de este periodo de crisis FECE (o Cuádruple Crisis) a
través de un orden esquemático: 1ero Energía - 2do Clima/Alimentos –
3 Economía – 4 Finanzas) se estará muy lejos de evitar el ingreso
del quinto elemento: La crisis FACEP o la crisis 4+1
Conceptos vertidos
en la Editorial del sábado 21 de Febrero de 2009
CLASE EJECUTIVA RADIO – Radio Uno –
FM 103.1
LA ESPIRAL ©
El
14 de septiembre de 2008 quizás sea recordado, por algún tiempo,
como el punto final de la estabilidad de una época. En efecto, al
día siguiente, el mundo –que venía ya haciendo ruidos raros por
aquí y por allá– comenzó a crujir sin disimulo.
Miremos
un poco lo que está sucediendo en el globo,
ya que el escenario probablemente sea más espinoso de lo que
imaginamos: la otrora lucha de las naciones por el desarrollo y el
liderazgo, puede dar lugar, sencillamente, a una suerte de lucha por
la supervivencia.
Que el PBI de
Japón haya caído dramáticamente en el último trimestre del
2008, que sus legendarias exportaciones de automóviles y componentes
electrónicos hayan disminuído de un tercio y que dicho país –ícono
del comercio hacia el mundo– muestre un déficit comercial ya de
dos meses consecutivos, son síntomas de que algo muy serio está
ocurriendo.
Que en
EE.UU. se haya estrellado el sistema financiero, que se haya
derrumbado la demanda de acero, que el llamado “desempleo
parcial” tal vez ya se ubique en alrededor del 15%, que
el premio nobel de economía Paul Krugman –simpatizante del partido
del Presidente Barack Obama– esté llamando a una rápida acción y
corrección de rumbo, so pena de sufrir una suerte de terrible
tsunami económico, son indicadores de que la situación es
realmente muy grave y que el camino por recorrer es sumamente
delicado.
Que Europa
esté prácticamente toda en recesión, con cada vez más nuevos
pobres y brotada de xenofobia, eso es un combo por demás
inquietante.
Que los
Bancos Centrales de numerosos países hayan planeado vender
–o inclusive hayan comenzado a hacerlo– porciones significativas
de sus reservas en dólares para frenar la declinación de sus
monedas, no es un dato menor.
Que la caída
del precio del barril lleve a las naciones productoras de
petróleo –desde Arabia Saudita hasta Rusia– a financiar sus
gastos, en cierta medida, vendiendo sus activos acumulados en
dólares, es un acontecimiento que merece atención.
En las
antípodas, China vive la presión alcista sobre su moneda
subvaluada y para mantener la actual paridad con el dólar tendría
que financiar no sólo gran parte de los enormes déficits comerciales
de Estados Unidos, sino también los déficits comerciales de las
naciones del mundo que están vendiendo sus reservas en dólares.
La encrucijada china no es fácil de resolver: por un lado, es
poseedor masivo de bonos del tesoro estadounidense y sus reservas
son mayormente dólares americanos; por el otro, intentar sostener al
dólar acabaría por destruir su propia moneda. Ya sea intencional
o no, al permitir que los exportadores chinos pacten sus acuerdos en
yuanes, China está dando un paso importante hacia la suplantación
del dólar con el yuan como moneda de reserva mundial.
Además, la
creciente demanda de oro físico es un hecho que señala la pérdida de
confianza en el papel moneda; en efecto, la suba del precio del
oro también puede ser leída como la caída del valor del papel
moneda. Muchos dicen que el hito de los USD 1.000 por onza es como
cruzar la barrera del sonido; recordemos que la cotización
internacional está rozando los USD 993 por onza troy.
Y así
podríamos seguir enumerando muchos interrogantes, que se reproducen
a la velocidad de las pulgas.
Oiga, no se
ponga así…, tampoco es para tanto; al fin y al cabo, siempre que
llovió, paró.
Ya Enrique
Santos Discépolo lo describió magistralmente en 1935, a través de
Cambalache; lástima que en el XXI ya no quede ni biblia, ni
calefón.
Conceptos vertidos
en la Editorial del sábado 24 de Enero de 2009
CLASE EJECUTIVA RADIO – Radio Uno –
FM 103.1
INTENTARLO VALE
LA PENA ©
Esta
semana todos hemos tenido contacto, a través de los medios, con la
asunción del nuevo Presidente de los Estados Unidos de América,
Barack Obama. No hace falta ser un entendido en geoestrategia para
darse cuenta del alto nivel de esperanza que prácticamente toda la
humanidad tiene puesta en esta nueva gestión.
Habiendo
recorrido ya la mayor parte del primer decenio del siglo XXI, la
humanidad se encuentra como desorientada, en una suerte de ansiosa
antesala, en espera más o menos esperanzada de una reconfiguración
general, que permita ver la luz al final del túnel. Es una
expectativa que, en mayor o menor medida, tenemos todos, de que algo
suceda en pos de una mejoría general. La pregunta clave es,
entonces, ¿por dónde pasa esa suerte de renacimiento mundial?
El
quiebre que se ha producido en el planeta Tierra -en donde nadie
tiene aspecto de creer en nada, en donde las principales
instituciones se ven debilitadas en su legitimidad ante los ojos de
los ciudadanos- tal vez se deba en gran medida a la nociva carencia
de tres elementos esenciales en la conducción: un piso mínimo de
ética, la responsabilidad social y la visión estratégica.
Es sabido que los
períodos de crisis suelen poner a hombres y mujeres de frente a la
verdad, significando una oportunidad de cambio, una puerta a la
reconfiguración de los sistemas, que pueden finalmente hallar en
ellos mismos las respuestas que tal vez antes no pudieron encontrar.
Acaso sea ésa la
señal que estamos recibiendo: se está necesitando nueva capacidad
gerencial, conciente de las consecuencias que su accionar tendrá
sobre las futuras generaciones, capaz de frenar la acelerada
entropía que se está verificando en casi todos los ámbitos, con una
visión geopolítica internacional más contemplativa, más integrada, y
en grado de diseñar e implementar un plan estratégico global.
Existen
muchos hombres y mujeres en el mundo en condiciones de aportar al
desarrollo de la humanidad, gentes de todas las latitudes que no le
temen ni al esfuerzo ni al sacrificio, siempre y cuando éstos no
sean arrojados por la borda del crucero de la incapacidad o el
pillaje. Si bien nadie pretende que los seres humanos se laven
todos los días en agua bendita, la actualidad está requiriendo un
promedio mayor de prolijidad y prudencia para revertir este complejo
momento en el que se ve envuelto nuestro planeta.
Estimados lectores
, presten atención:
se trata de una cuádruple crisis global
-financiera, económica, energética y ecológica- que si
no es manejada con especial visión estratégica que contemple de
manera coherente todos y cada uno de los elementos que componen el
sistema de la humanidad, puede atraer como un fuerte imán a un
delicadísimo quinto elemento: la crisis política internacional.
Habrá que ver,
entonces, si el mensaje que nos envía la realidad ha sido
correctamente interpretado por todo el mundo: la Historia está
llamando a la puerta de ilustres sordos y distraídos, no para
quimeras ni simulaciones, sino para genuinas evoluciones.
Con osadía y
espíritu de grandeza la dirigencia habrá de renovarse,
sosegando algunas actitudes
inmoderadas, so pena de profundizar la complejidad de la situación.
Habrá de encender la llave de la lucidez y de la creatividad, para
orientarse de lleno a la reconfiguración esperada por una humanidad
que en estos tiempos parece mantenerse en apnea.
Por orgullo o
por vergüenza, por propia iniciativa o por contagio, tal vez otros
también intenten andar por ese mismo camino de innovación y
renovación. A ello sería plausible que nuestros dirigentes se
abocaran de inmediato, tomando las decisiones adecuadas antes de que
anochezca, pues, como sentenciaba San Pablo, “el tiempo se ha hecho
breve”.
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